Mi vida – Antón Chéjov

En 1896, cuando ya gozaba de gran fama como poeta y consolidaba su nombre como dramaturgo, Chéjov publica Mi vida, una de sus primeras obras de ficción. En esta novela se narra la historia de Missail Póloznev, un joven que no puede corresponder a las expectativas que pesan sobre sus hombros, fracasando sucesivamente en varios trabajos burocráticos. Al asumir la modesta ocupación de pintor de paredes, rompe con las tradiciones familiares y con la jerarquía social, personificadas en la figura de su padre.

Missail Póloznev es hijo de un arquitecto de una ciudad de provincias en Rusia, quien es incapaz de mantener un trabajo, hasta que finalmente decide convertirse en un simple pintor de casas – para horror de su papá. ¿Sus motivos? Bueno, no entiende por qué todas las personas no se dedican a un trabajo manual para garantizarse el sustento; además, no considera que un trabajo burocrático sea un trabajo “intelectual”.

La actitud de Missail puede parecer un tanto drástica o verosímil tal, pero Chéjov explora a fondo los pensamientos e insatisfacciones del personaje. Mientras que es más difícil para el lector ver los personajes extremos de Dostoievski o Tolstói, el gran triunfo de Chéjov es retratar la vida en común, de modo que sienta estar leyendo, de hecho, un relato de lo que era la vida en Rusia en la década de 1890.

Es claro que no sólo el padre de Missail ve el cambio con horror: los nobles de la ciudad creen que el chico se volvió loco, en el mejor de los casos. A partir de las angustias de Missail, Chéjov esboza un retrato social de la federación de Rusia, además de ideas bastante politizadas, que normalmente no se involucraba en las batallas ideológicas en que se involucraban los escritores de la época. Así, retrata todo tipo de hipocresía y el fraude cometido por la alta sociedad de la época.

Pero la obra no es un tratado de política, y su núcleo, en realidad, es una historia de amor. No quiero dar spoilers, así que digo que Chéjov describe, con toda la sutileza de la que es famoso, la pasión de Missail por una noble de su círculo de conocidos. El lector no puede dejar de sentir compasión por Missail, que en ningún momento culpa a la amada por… lo que ella hace.

El protagonista, en todo momento, se muestra sensible, no solo en el amor, sino también en su relación con su padre autoritario y si hermana. Missail tiene una percepción aguda de la realidad que lo rodea, una realidad que crees vil y despreciable, y en el que no puede encontrar su lugar, siempre insatisfecho: «tal vez no estoy viviendo como debería hacerlo”, se cuestiona Missail en varias ocasiones a través de la narración. El drama humano es el que ha aproxima al lector de las obras de Chéjov. Esta no es la excepción, y a pesar de la tristeza que le invade, es una lectura más que recomendada; una de las mejores historias de Chéjov.

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