Los 5 personajes más malvados de la literatura

Todo escritor o lector sabe reconocer el valor de un villano para el éxito del cuento o la novela, siendo que algunas veces estos personajes tienen una personalidad tan rica y bien construida, que acaba simpatizando con sus maldades. Traté de evitar algunas de las opciones que serían obvias y que ya han sido, de cierta forma, inmortalizadas por el cine como: Lord Voldemort de Harry Potter (J. K. Rowling) o Hannibal Lecter de el Dragón Rojo de Thomas Harris), prefiriendo concentrarse en las obras de carácter más literario. Como siempre, la selección sigue el orden cronológico y trata de destacar ejemplos de cada época, llegando hasta los escritores contemporáneos. El protagonismo no es siempre de un ser humano, pudiendo ser ejercido por un cerdo (Rebelión en La granja, de Orwell) una ballena (Moby Dick de Melville), o incluso en un evento histórico, como el bombardeo de Dresde durante la Segunda Gran Guerra (Matadero 5, de Vonnegut). Espero que se diviertan al recordar a estos 5 personajes clásicos del mal.

(01) Medea en Medea (431 a. C.) de Eurípides (480 a. C.-406 a. C.)

El personaje más antiguo que he podido identificar es una mujer, Medea, que fue inmortalizada en la tragedia griega creada por Eurípides. Para vengarse del marido infiel, Jasón, mata a sus propios hijos. Sinopsis de la Editorial: «Teniendo por base un antiguo mito griego, que narra la venganza de la altivo Medea contra Jasón, después de que este — después de haber conquistado el Vellocino de Oro con su ayuda — el la rechaza para desposar a la hija del rey de Corinto (…) dando relieve inédito a los personajes femeninos de la obra de Eurípides se convertiría en uno de los pilares de la dramaturgia moderna — y la figura de Medea, una de las más impactantes de toda la literatura.»

(02) Yago en Otelo (1603) de William Shakespeare (1564-1616)

Otra tragedia clásica con base en el amor, los celos y la traición. Otelo, un general moro que sirve el reino de Venecia, mata a su esposa Desdémona por celos, bajo la influencia de las intrigas de su envidioso alférez Yago, y después se suicida al saber que había sido engañado.

Esta obra, junto con «Romeo y Julieta», es una de las piezas más conocidas de William Shakespeare y con mayor número de adaptaciones, tanto para el teatro como para el cine y la televisión.

(03) Lucifer en el Paraíso Perdido (1667) de John Milton (1608-1674)

El famoso ángel caído, más conocido como Lucifer, el eterno villano. Uno de los grandes poemas épicos de la literatura occidental — de una tradición que incluye la Ilíada y la Odisea de Homero, la Eneida de Virgilio y la Divina Comedia de Dante —, el Paraíso Perdido fue publicado originalmente en 1667, en Inglaterra (…) inspirado en el Génesis, que narra la rebelión de Satanás contra Dios, la Creación del Mundo y de la Caída del Hombre, por la desobediencia de Adán y Eva en el Jardín del Edén. (…) Milton, que había defendido el divorcio, la libertad de prensa y hasta de la poligamia, creó aquí el clásico de la literatura cristiana del siglo XVII.

(04) Marquesa de Merteuil, en Las Relaciones Peligrosas, de Choderlos de Laclos (1741-1803)

Este libro es campeón de listas, acabo de citarle en una publicación reciente sobre grandes obras francesas, y puede incluirse fácilmente en cualquier selección de clásicos de la literatura erótica, las novelas de la época, las novelas epistolares; además de que presenta una de los personajes femeninos más destacados de la historia de la literatura, la diabólica marquesa de Merteuil, que convence a la ingenua joven Cécile a tener un caso, antes de su boda, con el libertino vizconde de Valmont, sólo por diversión.

(05) Moby Dick, en Moby Dick, de Herman Melville (1819-1891)

Un personaje diabólico no necesariamente tiene que ser humano y nadie en la literatura universal se imaginó un personaje que personificara el mal de una manera tan completa.

El clásico de Herman Melville es narrado por Ishmael, miembro de la tripulación del ballenero comandado por el capitán Ahab, que, en su último viaje, desea capturar la gran ballena blanca que en el pasado arrancó una de sus piernas (…) Melville puede aprovechar con maestría los más diversos géneros literarios, construyendo al mismo tiempo diálogos shakespearianos, descripciones científicas precisas y reflexiones filosóficas sobre el bien y el mal.

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