La obra de Molière

Jean-Baptiste Poquelin, mejor conocido como Molière, fue un dramaturgo francés del siglo XVII, conocido por ser el mayor exponente, hasta la fecha, de la comedia y la sátira francesa.

Su obra es conocida ampliamente por todo el mundo, y entre sus obras más destacadas están:

  • Tartufo
  • Don Juan o el festín de piedra
  • El Médico a palos
  • El avaro
  • Lo enredos de Scapin
  • El atolondrado o los contratiempos
  • El anfitrión

Estos son solo algunos ejemplos de la amplia gama del hombre de letras, el cual se dirigía por una corriente bastante riesgosa para ese entonces, y que de hecho, en la actualidad aún se considera de cuidado: La burla.

Molière y su blasfemia

Jean-Baptiste le escribía a los ricos y poderosos de Francia, y por maquinaciones provenientes de su dichosa mente en pos del insulto, los humillaba en sus caras, a la par en que los entretenía; por consiguiente, lo terminaban aplaudiendo ¿Por qué?

Era sacrilegio para entonces el decir el nombre de la nobleza en vano, y el contar chistes sobre la misma tenía castigos bastante severos. Como sea, Poquelin siempre se salía con la suya, ora su capacidad de diversión y parodia de la vida cotidiana, ora su talento para la improvisación.

Imagen de Molière

Imagen de Molière

La vida de un payaso

Sus inicios no fueron nada gratos, pues trabajaba como tapicero real para Luis XII junto con su padre, el cual, luego de fallecido, dejó el negocio como herencia. Su afición al teatro se hizo notar desde muy joven, al ir a cuanta presentación surgiese.

Y es que de hecho, se especializó en dos vertientes, la tragedia y la farsa, apoyado en lecturas griegas y populares. Se le otorgó el Ilustre Teatro, el cual a su mando presentó problemas financieros que lo llevaron a la cárcel en algunas ocasiones. Se autoexilió de Paris y no fue sino hasta cinco años después que decidiera volver, ahora con su nuevo papel de actor a cuestas.

Conocido del hermano del rey, le fue concebido una audiencia para presentar dos obras, de drama y comedia, justamente. La primera no causó un impacto notable (a decir verdad, aburrió a la audiencia), sin embargo, fue con la farsa que logró un éxito sin precedentes. Fue aplaudido e incitado a continuar con sus creaciones.

Y así fue por un largo tiempo; al notar que el carácter burlón se le daba bien, empezó a agravar muchas de sus estancias: temas como la ciencia, medicina, la religión, la castidad y la nobleza eran pan de cada día de sus obras, mostrando a muchos de estos mundos como altaneros, hipócritas e incluso falsos.

Pronto, se volvió un favorito del rey, teniendo un enorme desprecio por parte de otras compañías teatrales y de la iglesia en sí. Algunos consideraban que en su posición incluso ejercía por encima de la mano real, y con un carácter libertino y de fiesta, no se podían sino preocupar sobremanera.

Legado

Sus últimos momentos consisten en batallas contra la tuberculosis, pero que no logran acabar con el amor que el hombre sentía por el teatro. Se hicieron muchas casas teatrales en su nombre, y muchas de sus obras se siguen interpretando en la actualidad. Hay una superstición bastante conocida de no interpretar sus personajes con el color amarillo, pues incitan a la mala suerte.

Las obras de Molière son un ejemplo perfecto de la burla y la filosofía, con apartados psicológicos de acondicionamiento. En un tiempo donde la sátira era castigada con la muerte, un hombre logró volverla su estilo de vida, por simplemente poseer carisma suficiente.

“Señora, es para mí un gran honor, y es que soy muy afortunado para ser tan feliz y tener la dicha de que haya tenido la bondad de concederme el honor de honrarme con vuestra presencia” – Molière en El Burgés Gentilhombre

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