Forsyth y el relato corto

Para el escritor inglés, Frederick Forsyth, el género del relato corto no es ajeno, y de la misma manera que ha manejado muchas de sus novelas largas, logra emplear todos sus mejores trucos en empaques comprimidos.

Lo decía Borges, la maravilla de una historia puede estar condesada en un relato corto, y sin embargo, a muchos escritores esta práctica se les hace sumo difícil, por carecer de recursos que ayuden a avanzar la trama, por ende, se extiendan en detalles minúsculos y divaguen hasta formar un algo mucho muy completo y tedioso.

En el caso de Forsyth, el cuento corto, si bien no es su fuerte, es una buena manera para apreciar su intimidad con el humanismo del día a día. Aspecto como amoríos, relaciones con amor agotado, crímenes elaborados, ayudas en medio de nevadas y encuentros fortuitos a medianoche con una pizca de aliento sobrenatural son solo algunos ejemplos por citar.

¿Cuál es la diferencia?

Entre algunas de las novelas de Forsyth (Chacal, Odessa, La Alternativa del Diablo, Los Perros de la Guerra), si bien se mencionan los trasfondos de personajes principales, no terminan de escapar de los acontecimientos que los encierran en el contexto de novela, es esta la principal diferencia, puesto que los relatos surgen a través de situaciones cotidianas, humanas.

Por ejemplo, al quitar el extracto surreal de su famoso cuento El Guía, la situación de un aviador atrapado en una ventisca puede parecer cosa, si bien no de todos los días, algo típico en ese mundo.

Anexado a esto, no escatima en la vasta profundización del tema de la aeronáutica, cosa que a un inexperto le da dos alternativas dramáticas: O se aburre por su desconcierto o termina amando ese mundo. Son las últimas líneas de este ejemplo las que concluyen y dan pie a la significación fantasiosa de la obra.

Frederick Forsyth

Frederick Forsyth

El Emperador

El Emperador, otro de sus más grandes ejemplos, relata la vida de un empleado bancario que decide pasar unas vacaciones relativamente cómodas con su esposa, quien no para de quejarse en Mahénbourg, Mauricio. La monótona y a ratos melancólica vida del protagonista, Mr. Murgatroyd, da un giro de 180 grados al batirse en duelo con una deidad por debajo de lo esperado.

Tiene un encuentro con un pez espada al cual, por su carácter de leyenda, se le atribuye el nombre del relato mismo. Al finalizar, el mismo paradigma que se nos impone desde el inicio, es decir, un personaje triste y sometido, tiene una evolución notoria, alterando el ciclo natural de las cosas.

Básicamente, en cada relato de Forsyth se puede apreciar una versión mínima pero no inexistente del viaje del héroe, enfocándose sobremanera en los últimos fragmentos (se puede decir que este escritor planea primero los finales, por su potencia), es en este momento que se rompe con el status quo, la forma normalizada con que se mostraban las cosas anteriormente.

Puede considerarse estos arrebatos el factor fantasioso de los cuentos, pues el inglés no solo tiene una afinidad por el relato irlandés, recordando a James Joyce, sino también por aquello que sobrepasa ligeramente las expectativas, que haga de cualquier un creyente y diga: a pesar de ser eso casi imposible, en cierto modo, “puede pasar”.

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