Estación Once Emily St. Jhon Mandel

Cierta noche, el famoso actor Arthur Leander tiene un ataque al corazón en el escenario, durante la presentación de El Rey Lear. Jeevan Chaudhary, un paparazzo con entrenamiento en primeros auxilios, acude en su ayuda. La actriz Kirsten Raymonde observa horrorizada el intento de resucitación cardiopulmonar mientras las cortinas se cierran; sin embargo, pese a todos los esfuerzos, Arthur fallece. Esa misma noche, mientras Jeevan vuelve a casa, una terrible gripe comienza a extenderse.

Los hospitales están llenos de gente, y por la ventana del apartamento en el que se refugió con su hermano, Jeevan ve cómo los coches bloquean la carretera, comienzan a sonar armas de fuego e inicia el caos. Casi veinte años después, Kirsten es una actriz en la Sinfonía Itinerante. Con un pequeño grupo de artistas, viaja por los asentamientos del mundo post-desastre, presentando obras de Shakespeare y números musicales de las comunidades de sobrevivientes.

El libro, narrado en tercera persona, comienza, precisamente, con la muerte del famoso actor, en un teatro en la ciudad de Toronto. Arthur Leander es su nombre, y la narración acompaña el destino de varios personajes vinculados a él: sus exesposas, especialmente la primera, Miranda, ejecutiva; Clark, su mejor amigo, con quien perdió contacto; Jeevan, un ex-paparazzo que años atrás lo perseguía y que en el día de la pieza intenta resucitarlo; y Kirsten, una actriz que ve su muerte y a quien, poco tiempo antes, Arthur había dado un regalo.

El día de la muerte de Arthur es cuando se desata la «gripe de Georgia», que matará al 99% de la población mundial en muy poco tiempo.

Veinte años después (en el Año Veinte, en la nueva cuenta del tiempo), Kirsten forma parte de un grupo llamado Sinfonía Itinerante; quienes viajan por el que antes fuera de América del Norte, deteniéndose en pequeños asentamientos de personas de unas pocas familias, que viven en los puestos de gasolina abandonados, viejos McDonald’s, etc. Cuando llegan a una de estas «ciudades», se encuentran con una compañera que habían dejado allí, embarazada, dos años antes, y descubren que ella y su marido han desaparecido. En su lugar, el sitio ahora es dirigido por un hombre misterioso que se presenta como «el profeta», y la Sinfonía tiene que salir corriendo de allí. Su destino, y la esperanza de reencontrar a sus amigos perdidos, se encuentra en la ciudad de Severn, donde dicen los rumores que existe un «Museo de la Civilización».

La narrativa entremezcla el viaje de la Sinfonía con la historia de diversos personajes, contando sus vidas antes, durante y después de la catástrofe. El libro empieza de una forma bastante emocionante y continúa su desarrollo en un ritmo que agradará a la mayoría de los lectores.

Es interesante ver, por cierto, como los personajes de diferentes edades de lidian con la situación y se sienten en relación con el mundo antiguo: aquellos nacidos después de la gripe oyen hablar de la electricidad, por ejemplo, como si se tratara de ciencia ficción; aquellos como Kirsten, que eran niños cuando sucedió, se han acostumbrado a la realidad, pero tienen recuerdos vagos y confusos sobre aquella era, y por lo tanto están constantemente en busca de recuerdos; y los que ya eran adultos en la época del colapso se encuentran divididos entre el deseo de proteger lo que queda y tratar de olvidarse de sus vidas pasadas, a fin de mantener la cordura.

En este sentido, la importancia de la Sinfonía es clara: ellos interpretan piezas de Shakespeare, lo «mejor de la civilización antigua», porque piensan que las personas tienen la necesidad de ver la belleza de lo que la humanidad pudo gozar un día.

En este mundo los objetos asumen una importancia magnificada: no sólo los que componen el «Museo de la Civilización» – cosas como un iPod o una tarjeta de crédito. La historia en sí es una ficción científica sobre humanos que quieren volver a su vida de antaño, misma que ya fue destruida.

Estación Once hace una reflexión sobre nuestro mundo, pero no deja de lado una trama inteligente y tensa, que hace que el lector se inmiscuya en la vida de los personajes. Es una lectura divertida y al mismo tiempo reflexiva, que nos obliga a pensar sobre el mundo y sobre nosotros mismos.

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