Dublineses

Desde los inicios de la narración, ha sido un gran afán del hombre el plasmar la realidad de manera casi idéntica a como transcurriese originalmente. Sin embargo, con el pasar de los años y de figuras literarias, se han agregado elementos fantásticos a la misma, perdiendo los toques verosímiles.

James Joyce, conocido irlandés entre los círculos de lectores por su obra Ulyses, es también recordado por uno de los libros de relatos más reales que existen, conocido simplemente como su propio gentilicio: Dublineses. De hecho, muchos personajes del Ulyses de Joyce son mencionados o protagonizan fragmentos de estas historias.

Armado de quince relatos (aunque el último bien puede considerarse una novela corta), el escritor no “transporta” al lector, sino que le hace observar y ser partícipe de diferentes visiones de la misma metrópolis. Sus relatos han sido catalogados como parte del movimiento hiperrealista, que dejaba a un lado la fantasía o el surrealismo y se enfocaba más en la maravilla de la cotidianidad.

Un pedazo de la tierra

Los relatos no poseen héroes destacables, y esto fue lo que causó la popularización de las primeras ediciones, pues la comunidad irlandesa se sentía identificada en cierto tiempo de la novela. Si era la comadrona, la sirvienta, el ama de casa, el borracho, el ladrón, la víctima, el trabajador, era uno siempre digno de leer la siguiente página, solo por pertenecer a la clase media.

Fue esta polarización y nivelación de clases lo que hacía que ricos y pobres se sintieran a gusto, e incluso, solo a veces, se podían sentir en los zapatos del otro. La época en la que fue publicado (primera década del siglo pasado) concordaba también con la explosión irlandesa, la cual hizo despegar a Joyce al reconocimiento literario.

Joyce, a pesar de todo, también busca que el lector tenga un juicio de valores por medio del simbolismo envuelto en la realidad. Juzga a las religiones, las clases sociales y los empleos por excelencia de la época, dando significados ocultos en lo narrado, quedando todo a criterio del lector.

Fotografía de James Joyce

Fotografía de James Joyce

Críticas dispares

A pesar de este dicho reconocimiento, su arte no fue tan bien visto por todo el mundo. Su forma de narrativa era a veces considerada muy pesada para el escritor promedio, y por la época, se estaba haciendo muy común la escritura popular, con términos más sencillos, y más desarrollo.

Antes de alcanzar su fama, durante el proceso de publicación, el irlandés también sufrió reveses, por no encontrar compañías editoriales que lo publicaran, y aquellas que accedían, lo hacían con condiciones de censura y completo control de derechos. Esto causó que el libro tardara casi una década entera luego de su creación para ser publicado.

Grandes escritores llegaron a atacar en crítica a Joyce, como Jorge Luis Borges, Virginia Woolf y Henry James, considerando su obra demasiado plana y carente de sentimiento.

Aunado a esto también se puede encontrar los problemas de traducción, pues en sus escritos, Joyce usa bastantes modismos irlandeses (hay que recordar que, a pesar de que en Irlanda se habla el inglés, existe mestizaje con su lengua de antaño) y esto en las traducciones al inglés puro o a otros idiomas, hacía que se perdiera la esencia de lo que estaba por decirse.

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