Confesiones de un joven novelista – Umberto Eco

Sólo cuando estaba próximo a cumplir 50 años, Umberto Eco (1932-2016) ha conseguido tiempo para finalmente escribir su primera novela: El nombre de la rosa, publicada en 1980, la cual se convertiría en uno de los raros casos de éxito mundial de ventas y calidad literaria; tal vez impulsado por la adaptación para el cine. El hecho es que el Eco, quien ya tenía una carrera consolidada en los medios académicos como filósofo y lingüista, además de bibliófilo en las horas libres, se convirtió repentinamente en un novelista de éxito.

Confesiones de un joven novelista está compuesto por cuatro ensayos incluidos como parte del programa de conferencias de Richard Ellmann sobre la Literatura Moderna, en la Universidad de Emory, en Atlanta, Estados Unidos. A pesar del conocimiento enciclopédico del autor, así como su extensa producción académica y teórica en el área de la semiología, el texto es accesible y muy divertida, recomendado para los escritores y lectores de la buena literatura en general, aunque es muy difícil definir lo que sea tal cosa.

El título del primer ensayo: «Escribiendo de izquierda a derecha», es una referencia a una respuesta jocosa que Umberto Eco solía dar para algunos entrevistadores desprevenidos cuando le preguntaban: «¿Cómo se escribió sus novelas?». En esta parte, Eco se describe la importancia del esfuerzo en detrimento de la «inspiración», en su opinión, una palabra mal que «es utilizada por los autores astutos para parecer artísticamente respetable» ni aún citando el clásico proverbio: «el genio es 10% inspiración y 90% transpiración». Siempre haciendo comparaciones con los procesos creativos de sus propias novelas, él declara con gran sinceridad que «no forma parte de ese grupo de malos escritores que afirman que escribir sólo para sí mismos. Las únicas cosas que los escritores escriben para sí mismos, están en listas de la compra». Realmente me parece muy poco probable que una novela, sea lo que sea, puede prescindir de la experiencia de la interpretación de cada lector.

En la segunda parte, «El autor, el texto y los intérpretes», Eco nos habla sobre las diferencias entre la intención del autor, la intención del lector y la intención del texto. Utilizando como ejemplos de obras consagradas de la literatura como «Finnegans Wake», de James Joyce, él habla acerca de los límites de la interpretación para concluir que «todo acto de leer es una compleja transacción entre la competencia del lector (el conocimiento del mundo adquirida por el lector) y el tipo de competencia que determinado texto postula para ser leído de un modo «económico» — lo que significa una forma que aumente la comprensión y el placer del texto, y que sea corroborada por el contexto (…) Entre la inalcanzable intención del autor y la contestável intención del lector, hace la transparente intención del texto, que desacredita interpretaciones insostenibles.»

En el tercer ensayo, «Algunas observaciones acerca de los personajes de ficción», de Umberto Eco, intenta explicar cómo podemos considerar Hamlet más real que nuestro portero y llorar por el triste final de Emma Bovary o Anna Karenina. Él utiliza la siguiente cita de Alejandro Dumas: «Es prerrogativa de los novelistas crear personajes que matan a los personajes de los historiadores. El motivo es que los historiadores evocan meros fantasmas, al paso que los escritores crean gente de carne y hueso». Después de todo, ¿por qué sentimos tanta aflicción por personas que nunca existieron? Una interesante comparación de Eco nos puede ayudar a entender este proceso: «Se hace ilusiones ópticas, en las que vemos cierta forma como más grande que otro, a pesar de saber que tienen exactamente el mismo tamaño, por lo que no habría también ilusiones emocionales?».

En conclusión, el ensayo «Mis listas» trata del poder de las palabras y la retórica de la enumeración con ejemplos que van desde la poesía de Wislawa Szymborska hasta la Ilíada de Homero, pasando de nuevo por tramos de los propios de las novelas de Umberto Eco, tales como: El nombre de la rosa, El péndulo de Foucault, La isla del día anterior y Baudolino.

En fin, Confesiones de un joven novelista es un libro cargado de erudición, pero que se lee con mucho placer.

 

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