Buenos días, camaradas – Ondjaki

Una Luanda (capital actual de Angola) de los años 1980 con profesores cubanos, escuelas entonando himnos a primera hora de la mañana y jóvenes de clase media son el escenario de Buenos días, camaradas. A través de la mirada de la lírica de un niño, el lector es llevado a una Angola que acaba de convertirse en independiente y está obligada a repensar las reglas sociales y a cuestionar las causas de la desigualdad. Así, esta historia es un viaje por las luchas sociales y las dudas que aquejan a una nación recién nacida.

El narrador de Buenos días, camaradas, es un chico de edad desconocida que nos cuenta algunos de los días de su vida en Luanda, Angola, en los años 80. El relato es autobiográfico, pero de ficción, y los acontecimientos que parecen banales a primera vista – conversaciones con el cocinero, la llegada de una tía, el día a día en la escuela, se convierten en cuestiones complejas e interesantes debido a las circunstancias políticas del momento y gracias a la narración de experto de Ondjaki.

Angola, en aquel momento, era un país independiente, pasando por una guerra civil. En el gobierno estaba el Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), que era apoyado por la Unión Soviética y Cuba. Nada de esto se explica de manera explícita en el libro, pero incluso el lector que no conoce la historia del país puede deducir este escenario rápidamente.

El día a día del narrador refleja la guerra. Cuando la tía que vive en Portugal viene a visitar a la familia, se asusta al escuchar las historias violentas que el niño cuenta de forma tan natural. En la escuela, las clases son impartidas por profesores cubanos, que a menudo están hablando de revolución. El niño, a su vez, se sorprende al saber que en Portugal los habitantes pueden comprar lo que quieran, siempre que tengan dinero.

Todo esto es visto a través de los ojos de los niños, que no reconocen la seriedad de estos eventos o su relevancia histórica, ni los consideran particularmente extraños. La voz narrativa es siempre la del niño, y ninguna reflexión del autor la detiene. Así, el libro es ligero y humorístico, además de tener momentos profundamente sensibles.

La obra completa tiene un aura de nostalgia: en el fondo, no se trata de cuestiones políticas, sino de despedidas de soltero y fines. La prosa tiene momentos de pura poesía y, como telón de fondo, el paisaje (para nosotros desconocido) de Angola, es evocado hábilmente por Ondjaki por medio de los olores, los colores y el calor abrasador de Luanda.

Relleno de términos regionales, esta novela es, por momentos, como leer en una lengua extranjera. Sin embargo, debido, sobre todo, al contexto y a la narración fluida, esto no puede ser considerado como un aspecto negativo en la obra.

En conclusión: Buenos días, camaradas, es una obra corta, de lectura rápida, con una historia divertida y muy poética, que, además, ampliará nuestros conocimientos históricos. Una obra que recomendamos leer.

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